La noche del 23 de Junio mientras el Cusco rebosaba de alegría, danza y música durante la vispera del Inti Raymi, encontré ya muy tarde frente al antiguo Templo del Sol o Qoricancha al grupo de Sicuris: Apu Wayra (Dios Viento), entre tanta algaravía, bebida y color el sonido de las zampoñas o sicus y los bombos de este grupo fueron la escusa perfecta para un registro de recuerdos, mi mente se transportó al altiplano de mi madre y mi abuelo.
José María Arguedas escribió una serie de textos sobre el sikuri en el diario La Prensa de Buenos Aires, Argentina en la década del 40 del siglo pasado, Arguedas afirmaba en aquel entonces sobre los sikuris: “es el conjunto más impresionante y hermoso que he visto en esta región”. Arguedas observó por primera vez a nuestros sikuris en el Cusco, cuando fueron a acompañar un alferado y estas fueron sus impresiones:
El sicuri de Puno -”ppusa” en aymara- es una flauta de Pan doble. En las tumbas de Paracas se han encontrado sicuris de barro, pero estos de Paracas son, como las antaras de Ayacucho, una flauta de pan simple. Los sicuris de Puno son de una complejidad extraordinaria; cada instrumento representa una flauta de órgano, y diez o quince indios tocando sicuris forman una orquesta, un órgano impresionante en que cada flauta está tocada por un artista, por un ser viviente y excitado de violenta sed de danza y embriaguez.
Cada sicuri está formado por dos flautas de pan hechas de una caña muy fina y amarradas con cuerdas de tripas o con cintas de lana tejida. Una orquesta de sicuris, una tropa de bailarines, está formada por sicuris de diversos tamaños -según la nota que le corresponde tocar-, desde 40 centímetros de largo hasta pequeñísimos sicuris que se pierden en la mano del indio que los toca.
Este es hoy un instrumento propio del altiplano; en las otras regiones de la sierra del Perú está desapareciendo, en el centro y en los otros departamentos del sur es ya un instrumento raro; los indios prefirieron definitivamente los instrumentos de origen español y olvidaron éste y ya no lo saben tocar ni fabricar.
Pero en Puno, en la altura, el ppusa sigue siendo el instrumento principal y característico, y como no se toca en forma individual sino en grupo, es instrumento de las fiestas y de las danzas más grandes e importantes. Instrumento ritual y extraño, indio puro, significa fiesta, multitud, procesiones, vísperas de grandes borracheras y llantos; lo tocan soplando a pulmón lleno; el aire alcanza la base de las flautas, rebota y escapa por la boca de las cañas y silba; en los sicuris altos y gruesos suena con una gravedad profunda, en los pequeños y agudos produce un silbido fino y largo; todos juntos, los ppusas en una tropa de bailarines forman una orquesta de viento que oprime y sacude el alma de quien los oye; los bailarines lo tocan saltando o agachándose contra el suelo, danzando con una furia desenfrenada; un bombo duro y grave acompaña a los ppusas, y sobre la voz gruesa y siempre igual del bombo, la voz de los sicuris se levanta y grita, como si todos los tonos del viento de las grandes alturas hubiera sido encadenado y dominado, sometido y manejado por la furiosa tropa de bailarines vestidos de espejos, de cuentas de vidrio y de entorchados de plata y oro. Es el conjunto más impresionante y hermoso que he visto en esta región del Vilcanota
(*) Publicado el 28 de marzo de 1943 en el Diario La Prensa de Buenos Aires, Argentina.













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